Un estudio longitudinal publicado en Electoral Studies siguió los cambios de conocimiento y decisión electoral de votantes suecos durante once elecciones. El resultado incomoda una certeza frecuente: saber más de política no se tradujo, dentro de una misma persona, en escoger un partido ideológicamente más cercano.
Las campañas suelen asumir que el problema central es la falta de información. Bajo esa lógica, explicar más propuestas, multiplicar piezas pedagógicas y repetir datos debería conducir a una decisión mejor alineada con los intereses del ciudadano.
La investigación de Felix Bäckstedt, Elias Markstedt y Henrik Ekengren Oscarsson obliga a ponerle matices a esa idea. Su hallazgo no dice que informarse sea inútil. Dice algo más preciso: aumentar el conocimiento político entre una elección y otra no garantizó que el mismo votante eligiera después una opción ideológicamente más próxima a sus propias posiciones.
Cuatro décadas observando a los mismos votantes
El artículo, una comunicación breve revisada por pares y publicada en el volumen 103 de Electoral Studies en octubre de 2026, utiliza paneles de dos olas de los Estudios Electorales Nacionales de Suecia. El periodo abarca once elecciones multipartidistas entre 1985 y 2022.
La diferencia metodológica es importante. Muchos trabajos anteriores comparaban personas distintas en un mismo momento y encontraban que quienes sabían más de política tendían a votar por partidos más cercanos a sus preferencias.
Los autores replicaron esa asociación transversal. Sin embargo, al observar cómo cambiaba cada votante a través del tiempo, el aumento individual de conocimiento no estuvo acompañado por una reducción de la distancia ideológica entre sus posiciones y el partido elegido.
Para construir mediciones comparables, aplicaron teoría de respuesta al ítem y procedimientos de anclaje que contemplan cambios en el contenido y la dificultad de las preguntas de conocimiento entre elecciones. Esa estrategia mejora la comparación longitudinal, aunque no convierte el estudio en un experimento.

Lo que el estudio demuestra y lo que no
La evidencia cuestiona una explicación causal simple: más conocimiento no produjo, de manera observable, un voto más próximo entre elecciones. Pero una ausencia de asociación en este diseño no equivale a demostrar que la información nunca influye.
El trabajo analiza Suecia, una democracia multipartidista con instituciones, partidos y hábitos electorales diferentes a los colombianos. Además, “mejorar” la elección se define de una forma específica: reducir la distancia ideológica entre el votante y el partido. Esa medida no abarca otros criterios legítimos, como la confianza, la competencia administrativa, el rechazo a la corrupción o la evaluación de resultados.
Tampoco sería correcto concluir que la ciudadanía debe recibir menos información. El conocimiento puede aportar a la participación, la vigilancia del poder y la comprensión institucional, aunque no cambie automáticamente la proximidad del voto.
La lección para las campañas de 2027
La principal consecuencia estratégica es que informar no es lo mismo que persuadir. Una campaña puede llenar redes de cifras, propuestas y explicaciones sin lograr que el ciudadano conecte esos contenidos con sus prioridades personales o con las diferencias reales entre candidaturas.
Desde la mirada de Élmer Zapata, estratega político, el estudio ayuda a corregir una confusión frecuente: medir cuántas personas vieron un contenido o recuerdan un dato no permite saber si comprendieron la decisión política que ese dato debería orientar.
Para una campaña regional en Colombia, la aplicación razonable no es simplificar hasta vaciar el debate. Es organizar la comunicación alrededor de decisiones concretas: qué problema se quiere resolver, qué alternativa propone cada candidatura, qué costo tiene y cómo se relaciona con la vida cotidiana del municipio o departamento.
Eso exige investigación de audiencias más fina. Además de preguntar qué conoce el elector, conviene identificar qué atributos utiliza para decidir, cuáles temas son realmente discriminantes y qué atajos —partido, liderazgo, experiencia, identidad territorial, recomendación familiar o emoción— terminan pesando cuando llega a la urna.
Más datos no sustituyen una narrativa comprensible
El hallazgo también interpela a medios, organizaciones ciudadanas y autoridades electorales. Una estrategia de pedagogía no debería evaluarse únicamente por el volumen de información difundida. Debe observar si las personas pueden comparar posiciones, reconocer consecuencias y distinguir entre una propuesta verificable y una promesa general.
En elecciones locales, donde pesan la cercanía personal, las redes políticas y la reputación del candidato, esa diferencia puede ser todavía más importante. El ciudadano no procesa una hoja en blanco: interpreta la información dentro de identidades, experiencias y vínculos acumulados.
La pregunta para 2027 no será solo cuánto sabe el elector. Será cómo convierte lo que sabe en una decisión y qué elementos desplazan, refuerzan o bloquean esa conexión. Allí está el verdadero terreno de la estrategia política.
Fuente y alcance
Bäckstedt, Felix; Markstedt, Elias; y Ekengren Oscarsson, Henrik. “Learning without improving: Within-voter changes in political knowledge and vote choice proximity”. Electoral Studies, volumen 103, artículo 103119, octubre de 2026. Artículo académico revisado por pares y publicado en acceso abierto. La investigación analiza elecciones suecas y no mide directamente al electorado colombiano.
Colombia Política — Análisis editorial.


